Así fue como se estableció el vínculo entre el fotógrafo y quien fuera el presidente de Chile ese año de 1970, el mismo presidente que prometió no abandonar La Moneda ni el mandato que le entregara el pueblo, compromiso que volvió a declarar en la última intervención radial que hiciera esa mañana del 11 de septiembre de 1973, y que cumpliera mientras los tanques rodeaban el Palacio de Gobierno y los Hawker Hunters de la FACH lo bombardeaban. Cuando se constituyó oficialmente la Unidad Popular y se formó un equipo profesional de comunicaciones que acompañaría al candidato y luego presidente, el voluntariado de Poirot llegó a su término. Durante los tres años que siguieron, Allende esporádicamente solicitó su compañía. Dichos encuentros fueron de algún modo señeros y quedaron plasmados en las silentes imágenes capturadas por el fotógrafo. Hoy, más de cinco décadas después, cada una de estas fotos renace para ser descubierta, observada en sus más discretos detalles… Pero estas fotos renacen, sobre todo, para las nuevas generaciones. Ellas han sido reunidas en esta publicación para que hablen, cuenten, interroguen e interpelen. Ellas hablan por sí mismas y por el «cazador de sombras» que fue un discreto testigo de su tiempo.