Tres décadas de matrimonio deberían ser motivo de celebración, al menos para cualquier pareja convencional. Pero Claudine e Ignacio no eran una pareja convencional. Ella, francesa argentinizada, pianista de sueños frustrados; él, coronel del ejército retirado con un pasado sospechoso. Una diferencia de edad significativa, un hotel próximo a Santa Teresita que en invierno albergaba pescadores y en verano acogía a unos pocos turistas aficionados a la soledad.Claudine nunca comprendió por qué su esposo elegía ese mismo lugar año tras año, pero ella, sumisa y acostumbrada a obedecer, lo seguía sin cuestionar. La atracción que sintió por el hijo del dueño del hotel despertó en ella sensaciones jamás experimentadas, pero todo cambió con la aparición del cuerpo de una mujer asesinada.El inspector Sosa intervino en la investigación y los ocho huéspedes presentes en ese momento pasaron a ser siete, sumados al dueño del hotel, su hijo y una cocinera japonesa. Todos quedaron retenidos hasta que se identificara al culpable. En ese convivir diario se desarticularon eventos impensados: amores deseados, traiciones involuntarias, celos ardientes. El mar, único testigo de un sospechoso ocultamiento.