El secreto bajo la piedra negra. El misterio que une lo imposible. Novela de aventuras épicas. (in Spanish)
Eduardo Agüera Villalobos
Synopsis "El secreto bajo la piedra negra. El misterio que une lo imposible. Novela de aventuras épicas. (in Spanish)"
En un continente donde los imperios han caído y los dioses han sido olvidados, las ruinas guardan algo más que polvo y huesos. Arhya no cree en leyendas. Es una guerrera sin patria, sin linaje y sin destino escrito. Sobrevive vendiendo su espada en tierras fracturadas por guerras antiguas. Para ella, las ciudades abandonadas son solo oportunidades: oro olvidado, reliquias valiosas, nada más. Hasta que entra en Ithralis. Una ciudad intacta. Silenciosa. Como si el mundo la hubiese dejado atrás... pero algo dentro aún estuviera vivo. En el corazón de la ciudad, bajo una torre de piedra negra que no ha sido tocada por el tiempo, Arhya encuentra un amuleto imposible: una reliquia de una civilización tan avanzada que su conocimiento desafiaba lo que el mundo actual considera magia. Cuando lo toma, la ciudad despierta. Y no es la única. Antiguas órdenes ocultas resurgen. Fuerzas enterradas bajo la tierra comienzan a moverse. Señales cruzan el cielo como si alguien -o algo- hubiera estado esperando ese momento durante siglos. El amuleto no es un tesoro. Es una llave. Y Arhya acaba de abrir algo que jamás debió ser cerrado. El viento evitaba Ithralis. No era una impresión poética ni un presentimiento supersticioso. Era un hecho. Las nubes avanzaban hasta cierta distancia y luego parecían dividirse, como si el aire mismo rechazara cruzar las murallas agrietadas de la ciudad. Arhya lo notó al tercer día de observación. Había aprendido a desconfiar de lo que parecía demasiado intacto. Desde la colina rocosa donde vigilaba, la ciudad se extendía como un cadáver conservado. No había derrumbes masivos. No había señales de incendio. Las murallas seguían erguidas. Las torres, aunque erosionadas, mantenían su forma. Incluso los techos permanecían en su mayoría completos. Demasiado completos. Ajustó las correas de su armadura ligera y descendió por la pendiente. El polvo bajo sus botas era fino, grisáceo. No era el color rojizo de la tierra de la región. Era ceniza. Pero no olía a fuego.