Synopsis "El bestiario de Michel Foucault (in Spanish)"
En la filosofía de Michel Foucault el protagonismo de lo que se saliera de la norma fue una de sus señas de identidad, cediendo su espacio de reflexión a sus criaturas extrañas, a sus excesivos vástagos monstruosos: el delincuente, la histérica, el sodomita, la bruja, el pastor, el miserable, el perverso, el bárbaro, la puta… y, así, hasta una treintena de semblantes, insignificantes algunos, turbios otros, sombríos y nocturnos todos.
Más que un libro sobre la filosofía de Foucault, este bestiario pretende hacer filosofía desde Foucault. A través de estas figuras condenadas se desvelará el proceder del análisis
de Foucault y podremos aplicárnoslo al presente: aprender cómo el poder genera a los subyugados;
que la resistencia al poder a veces confirma el desequilibrio de poder; que no es tan simple la
diferencia de arriba y abajo, de dominados y dominadores.
Una invitación desde la filosofía de Foucault a seguir estudiándonos y combatiendo aquello que es cotidiano y normal, porque la normalidad, la mayoría de las veces, es el germen de la injusticia para todos.
Enciclopedia de la ignominia, álbum con personajes innobles, animalario de tipos indignos, como una manada de seres solo medio humanos y, precisamente por ello, demasiado humanos, El bestiario de Michel Foucault es todo lo contrario a una leyenda dorada que exaltara los nombres propios de santos. El filósofo otorga el protagonismo a sus criaturas extrañas, a sus excesivos vástagos monstruosos: el delincuente, la histérica, el sodomita, la bruja, el pastor, el miserable, el perverso, el bárbaro, la puta… y, así, hasta una treintena de semblantes, insignificantes algunos, turbios otros, sombríos y nocturnos todos.
Siguiendo nuestros impulsos menos decorosos nos hemos acercado a Foucault por detrás para dejarlo embarazado, haciendo de la lectura una especie de sodomía o de inmaculada concepción, pero en formato orgía, porque somos muchas. Cada figura es, de este modo, un hijo monstruoso de Foucault. No hace falta ser experto en nada para entrar en este perverso simposio, pero sí es condición para el acceso dejar fuera cualquier pudor o sentimiento de culpa.