El alma del Principito descendía desde el asteroide B-612, vagaba por el universo, atravesaba todas las esferas de los planetas y se impregnaba de las características que más tarde adquirirían sentido en la Tierra. Pisó la tierra y conoció la muerte. Anduvo melancólicamente por el desierto del Sahara y jamás pudo escapar de los sentimientos que heredó en las estrellas.
En 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial, el piloto francés Antoine de Saint-Exupéry publicó El Principito. Con el paso del tiempo han surgido diferentes interpretaciones (abundan las de carácter moral) de esta obra que se fue perpetuando en la historia de la literatura. En Puer Aeternus (2006), la psicoanalista Marie-Louise von Franz le da un vuelco a la obra y repasa el pasado del autor hasta llegar a las entrañas del Principito.