Tras los acontecimientos de Sombras de titanio, el nombre de Torgersen vuelve a abrir una grieta en Europa.Viktor Torgersen aparece muerto en una prisión de Copenhague. Todo parece sencillo: un asesino confeso, un preso terminal y una explicación suficientemente razonable para cerrar el expediente. Pero la fiscalía danesa no tarda en detectar que la versión oficial encaja demasiado bien.La investigación conduce hasta Marbella, donde un despacho de abogados vinculado a negocios turbios aparece relacionado con la muerte de Viktor y con varias operaciones empresariales de alcance internacional. Lo que en principio parece un homicidio carcelario empieza a revelar una trama mucho más amplia: sociedades opacas, compras estratégicas, tecnología militar, intereses industriales y demasiadas preguntas que nadie quiere contestar.La fiscal Victoria Santamaría, de la Audiencia Nacional, asume la dirección operativa de un nuevo Equipo Conjunto de Investigación bajo el marco de Europol y Eurojust. Con ella regresan Héctor Velasco, Nadia Farrokhzad y Klara Schmidt, supervivientes de un caso anterior que aún pesa sobre todos ellos. Esta vez no se enfrentan solo a sicarios, explosivos o identidades falsas. El peligro está también en los despachos, en los papeles y en las decisiones por las que nadie responde.Todas las sospechas conducen a Kristin Torgersen: heredera de un imperio industrial, brillante, fría y aparentemente intocable. Una mujer que parece haber previsto cada movimiento antes de que los demás comprendan siquiera el tablero en el que juegan.Pero cuanto más avanza la investigación, más difícil resulta distinguir entre culpables, instrumentos y enemigos reales. Cada pista abre una puerta, cada puerta conduce a una amenaza mayor y cada decisión obliga a los investigadores a cruzar líneas que no siempre podrán justificar.SOMBRAS DE TITANIO II es un thriller jurídico-policial sobre el poder, la culpa y la impunidad. Una novela en la que la ley no siempre separa la inocencia de la culpa: a veces solo distingue entre quienes dejan rastro y quienes han aprendido a borrarlo.